No sé vosotros, pero yo jamás hubiera pensado que el aprendizaje de programación ofreciera tantos beneficios para los niños y jóvenes. Porque sí, además de la obviedad de decir que en estas clases se aprende a programar —lo que podemos definir como crear un conjunto de instrucciones para que un dispositivo electrónico las siga paso a paso y logre un objetivo—, ayuda a adquirir otras muchas habilidades. Como ejemplos podemos citar el desarrollo de la capacidad lógico-matemática y espacial, y la mejora de habilidades como la abstracción, atención y concentración. Aunque mis favoritas son las siguientes:

  • Pensamiento computacional. Es la capacidad para resolver problemas, diseñar sistemas y comprender el comportamiento humano utilizando conceptos propios de la informática. En la práctica supone dividir los problemas por partes y crear una secuencia con las acciones necesarias para llegar a su resolución. Si lo piensas detenidamente, es realmente parecido a programar un robot.
  • Resolución de problemas. Muy relacionada con la anterior habilidad y que supone plantear la siguiente pregunta: ¿y si los alumnos se enfrentaran a sus tareas cotidianas como si fueran un problema que hay que resolver de la forma más eficiente, creativa y rápida posible? Podrían afrontar su vida de forma mucho más racional, no sólo en lo que se refiere a hacer los deberes y preparar trabajos o exámenes; también a todos los imprevistos que puedan surgir en su vida personal.
  • Inteligencia emocional. Si te paras a pensarlo, seguro que estarás de acuerdo en que nuestras emociones influyen constantemente en nuestras decisiones. También lo hacen en el día a día del aula, por lo que es realmente importante ayudar a los alumnos a identificar, expresar y gestionar sus emociones. Cuando sean adultos, podrán seguir aplicando todo lo que han aprendido a su vida personal y laboral.
  • Autoestima. ¡Qué bien sienta resolver problemas por uno mismo, alcanzar las metas que nos hemos marcado y hacerlo de la forma más satisfactoria posible! Así que, si aprendemos a programar por nosotros mismos, la consecuencia directa será una mejora de nuestra autoestima.
  • Creatividad. Algunos consideran que esta capacidad es más importante que la inteligencia porque, gracias a ella, se pueden ‘inventar’ soluciones para cualquier problema o necesidad. Puede ser cuestión de opiniones, pero lo cierto es que la robótica permite dar rienda suelta a la imaginación ¡y crear desde la nada!