Cuenta la leyenda que una polilla produjo el primer bug informático de la historia. Te contamos el origen del mito y de dónde vino el término en realidad

Quizás hayas escuchado alguna vez una famosa anécdota que cuenta cómo una polilla fue la responsable del primer “bug” —es decir, bicho en inglés—, de la historia de la informática. Y que de ahí procede, lógicamente, el origen de esta forma de llamar a un error de software. La historia es la siguiente:

El 9 de septiembre de 1947, un técnico de la Universidad de Harvard (EEUU) detectó un error de funcionamiento en el ordenador Mark II. Tras inspeccionar el origen de la avería, los ingenieros se encontraron con que una polilla, quizás atraída por el calor y la luz de la máquina, había sido la causante de un cortocircuito en el relé electromagnético número 70 del Panel F. Para dejar constancia del hallazgo, a las 15.45 de aquel día, los técnicos pegaron la polilla con cinta adhesiva en su cuaderno de seguimiento y anotaron: “Primer caso real de un bug encontrado” (“First actual case of bug being found”). Aquella icónica hoja de papel se encuentra a día de hoy en el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto Smithsonian en Washington (EEUU).

Grace Murray Hopper Collection, National Museum of American History, Smithsonian Institution.

Bichos difíciles de encontrar

La popularidad de esta simpática anécdota hizo que se le haya atribuido erróneamente el origen de esta palabra para referirse a un fallo en el sistema informático. Sin embargo, la realidad es que el uso de la palabra bug para referirse a este tipo de averías o defectos en el funcionamiento de máquinas especialmente difíciles de encontrar viene de mucho más atrás: fuentes del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos de EEUU explican que fue el inventor Thomas Edison quien fue de los primeros en popularizar el uso del término en la década de 1870 para referirse a los problemas técnicos con los que se encontraba en su trabajo desarrollando dispositivos electrónicos. Así lo demuestran algunas de sus anotaciones en las que detallaba cómo pasaba horas tratando de perfeccionar sus experimentos.

De hecho, en la biografía de Edison escrita por Francis Arthur Jones (Thomas Alva Edison; sixty years of an inventor’s life, 1908) el término aparece de forma recurrente, a menudo dejando ver lo complicado que era deshacerse de ellos: “Una horrible cantidad de bugs todavía. Deja que Moses intente la siguiente solución para deshacernos de ellos” (“Awful lot of bugs still. Let Moses try what the following solution will do to rid us of them”).

La matemática que contó la historia

Por lo tanto, el término ya era bien conocido y usado por los ingenieros para referirse a errores encontrados en las máquinas (y en general a problemas a solucionar para su correcto funcionamiento), desde hacía décadas cuando sucedió el incidente de la polilla. Aunque éste fuese el primer momento registrado en el que un “bug” era el causante oficial de un “bug” informático. La historia sirvió para dar a conocer el concepto en la cultura popular y la responsable de ello fue una mujer: Grace Hopper, una matemática nacida en Nueva York en 1906, miembro de la Armada Estadounidense y pionera de la informática que estaba a cargo del equipo que encontró el insecto.

Aunque no fue Hopper quien encontró la polilla, ella fue quien dio a conocer la historia con tal acierto que caló nuestro vocabulario hasta el día de hoy. La matemática a menudo contaba la anécdota en sus charlas y dibujaba pequeños bocetos de los bugs que se encontraba en forma de pequeños monstruos e insectos. De esta forma trataba de representarlos de manera metafórica, no sólo como el fallo técnico que suponían, sino como las molestas dificultades a las que se enfrentan los ingenieros a la hora de resolver problemas.

Smithsonian imagen de archivo