Galileo Galilei era astrónomo, pero también filósofo, físico, ingeniero o matemático. Sus descubrimientos fueron determinantes para apoyar la teoría de Copérnico y demostrar que la Tierra no es el centro del universo. Figura imprescindible dentro de la Revolución Científica, sus ideas y logros le llevaron al banquillo de la Inquisición en dos ocasiones.

Galileo nace en 1564 en Pisa, Italia. Aunque su padre, el músico y matemático florentino, Vicenzo Galilei, le inscribió en 1581 en la Universidad de Pisa para que estudiase medicina, Galileo dejó esta carrera atraído por las matemáticas. Fue un fiel seguidor de Platón, Pitágoras y Arquímedes y se opuso toda su vida al aristotelismo.

El científico se dedicó a la docencia, tuvo tres hijos y realizó numerosos estudios. En el campo de la física llevó la contraria a los aristotélicos asegurando que, en caída libre, todos los cuerpos descienden a la misma velocidad.

Pero sus mayores descubrimientos llegarían con la invención de un telescopio en 1609. Existía ya un catalejo creado por un holandés que permitía ver estrellas invisibles a la vista. Galileo lo perfeccionó y consiguió que no deformara los objetos y que los ampliara hasta seis veces. El 21 de agosto de ese año presentó el aparato en la plaza de San Marco de Venecia y fue un éxito entre el público

Con el telescopio pudo Galileo descubrir las fases lunares y la existencia de montañas en el satélite. Estudió las manchas solares y vio los anillos de Saturno, aunque no sabía exactamente lo que eran. Uno de sus hallazgos más significativos llegaría el 4 de marzo de 1610 cuando vio cuatro satélites, llamados después “satélites galileanos”, que giraban alrededor de Júpiter. El astrónomo publicó este avance en su libro “El mensajero de las estrellas” y con él demostraba que la teoría geocéntrica no era correcta y apoyaba la heliocéntrica de Copérnico.

Su descubrimiento le granjeó numerosos enemigos lo que llegó a la Inquisición que le convocó en 1616 para responder a las acusaciones que se vertían contra él. Como resultado, la Iglesia incluyó la obra de Copérnico en la lista de libros proscritos y prohibió a Galileo enseñar públicamente las teorías copernicanas.

Sin embargo, en 1632 se editó “Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo”, en los que se enfrentaban las teorías de los aristotélicos con las de la nueva astronomía. La Iglesia interpretó la obra como una desobediencia a la prohibición de hablar de Copérnico y volvió a llamarle el 12 de abril de 1633. Tenía casi setenta años y fue sometido a un duro interrogatorio de más de 20 días. Finalmente fue declarado culpable y su libro se incluyó dentro del Listado de Libros Prohibidos.

Galileo fue condenado a prisión perpetua y, para evitar la condena a muerte, se vio obligado a retractarse de rodillas. Dicen que, a pesar de ello, tras abjurar de su descubrimiento, exclamó en baja voz: Eppur si muove, “Y sin embargo, se mueve”, refiriéndose a la Tierra.

A Galileo le permitieron cumplir su pena en su casa de Arcetri (Italia). Durante ese tiempo escribió una de sus obras más importantes, “Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias”, que sentó las bases de la ciencia de la mecánica que usarían científicos como Isaac Newton.

Galileo murió el 8 de enero de 1642 en Arcetri. Sus estudios le llevaron a prisión y sus seguidores no aceptaron que claudicase ante la Inquisición, pero fueron fundamentales para sentar las bases de la ciencia moderna.