The Good Doctor

La nueva (y ya exitosa) serie del creador de House, David Shore, tiene como protagonista uno de los personajes más brillantes y complicados de la televisión: el Dr. Shaun Murphy (interpretado por Freddie Highmore, el Norman Bates de Bates Motel), un interno de cirugía diagnosticado con autismo y el Síndrome de Savant. Por un lado, su autismo le impide tener las dotes comunicativas que un médico debería poseer, por el otro, su habilidad de  diagnóstico es extraordinaria, podríamos decir que es un genio de la medicina. Esta genialidad, según la serie, tiene su origen en ese Síndrome de Savant (o Síndrome del sabio), que le permite recordar todos los detalles del cuerpo humano y todo lo aprendido en los libros de medicina con exactitud. Shaun es así capaz de hacer diagnosis rapidísimas y encontrar la cura adecuada casi inmediatamente. Y muy pocas veces se equivoca.

¿Pero es este síndrome real? ¿En qué consiste exactamente? El Dr. Darold A. Treffert, autor de la teoría sobre el síndrome, lo define en este artículo de la Wisconsin Medical Society como “una rara e impresionante condición en la que las personas con discapacidades del desarrollo, incluyendo pero no limitadas al autismo, u otros trastornos o enfermedades del sistema nervioso central tienen algunas “islas de genio” que se yuxtaponen de manera discordante a sus limitaciones generales”.

En este mismo artículo nomina varios casos de Savant, en concreto 29, con diferentes capacidades de lo más extrañas y variopintas: como ese adolescente que sabía a memoria el sistema de autobuses de la ciudad de Milwaukee o ese otro chaval que recordaba a la perfección todos los sucesos de días concretos de cualquier época.

¿Un Savant famoso? Kim Peek, en quien se basa la película Rain Man, interpretado por un espléndido Dustin Hoffman, ganador del premio Oscar a mejor actor por este papel.

House y Anatomía de Grey

Y aquí va otra de series de temática médica. Dos grandes éxitos de la televisión muy diferentes entre sí pero con seguidores en todo el mundo.

En el caso de la serie protagonizada por Hugh Laurie, se han publicado incluso libros, como el escrito por el profesor e investigador de la Universidad de Sevilla J.J. Vargas, House. Patologías de la verdad (Dolmen Editorial). En un capítulo de la obra, el médico Amador Gil, del Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme (Sevilla), analiza la serie desde el punto de vista médico. Hay datos curiosos como, por ejemplo, el uso de tratamientos erróneos o exagerados en el 50% de los episodios o la utilización de prototipos tecnológicos aún en fase de estudio en un 30% de los episodios.

En el caso de Anatomía de Grey, más famosa por los escarceos amorosos entre médicos y la apariencia de modelo de casi todos sus protagonistas, cualquier ser humano, incluso sin conocimientos médicos, podría encontrar errores. Por ejemplo: ¿por qué los cirujanos hablan, manteniendo intensas miradas entre ellos, o incluso ligan mientras realizan operaciones complicadísimas? ¿Dónde están las mascarillas mientras operan? ¿Le echan todas las bacterias al paciente y luego le cosen para que se queden bien resguardadas? Estas contradicciones, junto con otros errores como, por ejemplo, la administración del RCP (reanimación) con los brazos por delante del cuerpo, cuando tiene que hacerse a con los brazos a noventa grados empleando toda la fuerza y el peso de cuerpo, quitan credibilidad a la serie. Aunque interés, no, a juzgar por su éxito.

Aquí os dejamos un vídeo de un grupo de médicos analizando un capítulo de House con un diagnóstico bastante positivo por parte de los tres:

Jurassic Park (y sus secuelas)

Una de las películas de culto por excelencia, sin la que la infancia de los niños de los años 90 no habría sido lo mismo. Sintiéndolo mucho, vamos a desmontar un poco la cinta, destapando alguna de las mentiras (y no son pocas) que nos propinó en la pantalla de cine en nuestros más tiernos años.

Número uno: el Tyrannosaurus Rex y el Velocirraptor no daban tanto miedo en realidad. El primero tenía las piernas tan cortas que no era capaz de correr y los velocirraptores, que sí corrían algo más, tenían plumas por el cuerpo y eran del tamaño de un pavo. Con esta descripción, piensa a la escena de la cocina, ¿a que ahora te provoca más gracia que miedo?

Número dos: los dinosaurios voladores no existían. Es decir, había cosas que volaban, pero no eran dinosaurios, sino pterosaurios.

Número tres: por mucho que se parezcan a los lagartos, los dinosaurios no tenían la sangre fría. Los científicos aún no se han puesto de acuerdo en si era caliente o templada, pero todos coinciden en que, desde luego, fría no era.

Número cuatro: la historia del asteroide es un cuento para niños. Es decir, asteroide hubo,  pero la mayoría de los dinosaurios murió por las consecuencias climáticas que causó el impacto de éste sobre la Tierra, así como por una marcada disminución del nivel del mar y una intensa actividad volcánica que sufrió nuestro planeta.

Interstellar

Christopher Nolan no deja nunca indiferente con sus propuestas cinematográficas e Interstellar (2014) no es, desde luego, una excepción. En un futuro distópico, no muy lejano, en el que al mundo le queda poca vida como resultado de una crisis ecológica, Nolan cuenta tres historias que se entrelazan, con un guión complicado y bastante acertado desde el punto de vista científico. Guión que, claramente, no está exento de fallos, pero al que tampoco faltan aciertos.

Una de las mejores cualidades de la película es su rigurosidad Física y es que el mismísimo Kip Thorne, ganador del Premio Nobel de Física y del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, asesoró a Nolan. Thorne es uno de los mayores expertos en las aplicaciones a la astrofísica de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein y una de las primeras personas en realizar investigaciones científicas sobre la hipótesis de si las leyes de la Física permiten la conexión múltiple del espacio y el tiempo.

Otras elecciones acertadas: el diseño de las naves que, a pesar de ser más avanzado del actual, es muy realista; el hecho de que en el vacío no hay sonido y las escenas donde no hay gravedad, que  se parecen mucho a la realidad.

Por muy meticulosa que sea Interstellar cae en algún error hollywoodiano que otro, como, por ejemplo, el de los trajes espaciales que llevan sus protagonistas. En principio, parecen estupendos pero resulta que llevan propulsores a gas, ¿en dónde? En los antebrazos, un lugar muy lógico, vamos. Además, la pregunta sale natural: ¿dónde tienen tanto gas para impulsarse si llevan sólo una mochila minúscula en el traje?

Si quieres profundizar sobre los aciertos y fallos de esta obra maestra de la ciencia ficción puedes leer esta crítica del astrofísico Daniel Marín – Premio Bitácoras 2012, Premio 20Blogs 2015 al mejor blog en la categoría de ciencia y Premio Naukas 2013 al mejor blog de divulgación científica – que afirma en un artículo: “Interstellar es una herramienta fantástica para aumentar el interés por la ciencia entre el gran público. Oportunidades como esta son muy, pero que muy poco frecuentes.”