Todo surgió cuando la presidenta de la Asociación ALMA pensaba en cómo podía ayudar a las víctimas de violencia de género que aún conviven con su agresor. Ahora, ante una situación de peligro, pueden llamar al 016, pero se exponen a que el maltratador les descubra.

“Se estima que el 80% de las mujeres maltratadas aún viven con su agresor. Empezamos a investigar qué se estaba haciendo a nivel mundial y realmente no hay nada diseñado para este tipo de casos. Por eso, nuestra idea se centró en buscar una fórmula con la que al menos tuvieran la posibilidad de pedir auxilio”, explica Gregorio Gómez, secretario de ALMA y director del proyecto.

La iniciativa de esta asociación extremeña consiste en crear un aparato de “socorro” que se pueda camuflar en un objeto de la víctima como un reloj o una pulsera. Así el agresor no sabrá que lo lleva encima. En el caso de peligro, la víctima sólo tendrá que pulsarlo y el aparato enviará la señal de alarma y la localización a la Policía Nacional y la Guardia Civil, así como a su “socorrista”, una persona de confianza que ha recibido formación previamente para acercarse y ganar tiempo antes de que lleguen las fuerzas de seguridad.

“El socorrista puede ser la vecina del cuarto que al recibir la alarma va a la casa y llama al timbre preguntando a la mujer si le compra el pan. Eso paralizará al agresor y le dará tiempo a la policía a llegar”, asegura Gregorio. El aparato también grabará todo lo que sucede para que sirva como prueba en un posible juicio.

Asesoramiento técnico de BQ

En ALMA colaboran con la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Extremadura, cuyos profesores reciben asesoramiento técnico de BQ para crear el primer prototipo. El trabajo es largo, pues necesita de una gran financiación y además se estudia cuidadosamente cuál es la mejor manera de camuflar el aparato para que el agresor no lo localice. Se estima que cuando esté listo costará entre 350 y 175 euros, un precio que se aleja mucho de los 6000 euros de la pulsera de alejamiento.

“La idea es que sean las instituciones públicas quienes lo financien. Usaríamos el mismo sistema que se utiliza ahora para los móviles de marcación prefijada que se les da a las mujeres, es decir, deberían entregarles los aparatos la Cruz Roja, los Servicios Sociales o la Casa de la Mujer, pues son los que determinan quiénes podrían acceder a él”, cuenta Gregorio quien, gracias a la tecnología y al trabajo de su equipo, abre una puerta para la esperanza a todas aquellas mujeres a las que se les ha terminado las órdenes de alejamiento o que aún conviven con sus verdugos.